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martes, 5 de octubre de 2010

AMOR Y LOCURA


El Amor y la Locura no son opuestos. Ambos se entrelazan y penetran mutuamente, hasta el punto que no es posible determinar cuál es la causa y cuál su consecuencia. ¿El Amor engendra la Locura, o es la insanía la razón por la que amamos? Ciertamente no tenemos una respuesta, aunque sospecho que para amar se necesita cierta dosis de inestabilidad. Nadie en su sano juicio pondría su alma a disposición del capricho de un tercero, y sin embargo sólo en esta entrega desquiciada encontramos la paz.

Thomas Campbell, uno de los grandes poetas del romanticismo, ha intentado recorrer el sombrío sendero del Amor y la Locura. Su tragedia se sitúa en un ambiente medieval, en una realidad onírica dónde las visiones del remordimiento cobran una forma lúgubre y concreta.

Aquí, una doncella ha matado a su amante. En la lejanía oye las campanas nocturnas, y sabe que el fantasma de su víctima retornará para reclamar su compañía. Ella no se lamenta por este destino, tampoco se arrepiente de su crimen. En su corazón exaltado, el odio debe concluir lo que el amor comenzó.


Amor y Locura.
Love and Madness, Thomas Campbell. (1777 - 1844)


¡Escuchad! ¡Desde las almenas de las lejanas torres
La solemne campana ha golpeado en la medianoche!
Arrebatado de las visiones de su inquieto sueño,
El pobre Broderick despierta, y se lamenta en soledad.

Cesad, Memoria, cesad (sin amigos y apenada llora)
De castigar este pecho abrumado con severas pruebas.
Oh, nunca cesa mi alma pensativa al extraviarse
En los brillantes campos de la Fortuna, en los días mejores,
Cuándo la esperanza era joven, y la música de la mente
Alababa todos sus encantos, y Errington era agradable.

Sin embargo puedo cesar, mientras temblorosa me agito,
De suspirar y murmurar tu nombre melancólico.
Oigo tu espíritu en cada gemido de la tormenta.
En las sombras nocturnas veo pasar tu figura,
Pálida como los condenados en su triste locura.
Veo en lo profundo de tu corazón perjuro, el sangriento acero.

¡Demonios de la Venganza! Bajo vuestro mando
Empuñé la espada con algo más que delicadas manos,
Decid: ¿es la vacilante voz de la piedad,
O es aquel húmedo horror el propósito del alma?
¡No! Mi corazón salvaje se sentó triste sobre la llanura,
Hasta que el Odio complete lo que el Amor comenzó.

Si, dejad que el seno frío que nunca supo
De la ternura súbita y generosa de la naturaleza,
Mezclando la piedad con la hiel de la burla,
Condene este corazón que sangró con amor abandonado.

¡Y vosotros, orgullosos, cuyas almas no agitan la alegría,
Salvad con brillante encanto el homenaje del enamorado!
Plácidos ídolos de un sendero sangrante,
Vuestros cálidos sentimientos pueden ser huéspedes del dolor,
Cuando el inocente, fiel corazón, inspire la prueba
De la amistad refinada, la tranquila delicia del amor;
Y sientan que sus tiernas cadenas os desgarran con angustia,
Quebrando el perjurio del orgullo en inhumano desprecio.

Decid, entonces ¿el piadoso Cielo condena tus lágrimas,
Cuando la Venganza te ordena, enamorado, sangrar?
Largo tiempo he visto surgir tu oscura aprensión,
Con el pecho desgarrado y tus votos despreciados,
Triste, lloré con mi amigo, el amante cambiado,
Tu mirada era fría, altiva y extraviada,
Hasta que el refugio de tu amor me fue arrebatado,
Entonces erré sin esperanzas, sin amigos, en soledad.

¡Oh, Cielo de los Justos! ¡Fue entonces cuando mi alma torturada
Cedió su control y dio lugar a la ira más descontrolada!
¡Adiós a la silenciosa mirada, a los ojos extraviados,
A las planicies murmurantes, a lo profundo de tu corazón perjuró!
El largo sueño despierta los actos de la Venganza;
Él grita, él cae, su desgarrado corazón sangra.
Ahora, la última sonrisa de la agonía se ha borrado,
Pálido y ensangrentado duerme, y no despertará jamás.

¡Está Hecho! ¡La llama del odio ya no arderá:
La vida regresa, pero es demasiado tarde para comenzar!
¿Por qué mi alma siente el vago vuelo de la aflicción?
¡Tembloroso y débil, suelto el culpable acero!
Frío sobre mi corazón yace la mano del terror,
Y sombras de horror se agitan ante mis lánguidos ojos.

¡Oh, fue el asesinato la más amarga de las espigas!
¿Retornará la justa ira del frío espíritu de Broderick?
Siempre un fiel amigo, un amante tierno que ha caído.
¿Dónde brilló el Amor no podría habitar la Piedad?

¡Juventud desdichada! Mientras su palidez asciende
Para observar el profundo y silencioso reposo del crepúsculo,
Tu espectro insomne, respirando desde la tumba,
Predice mi suerte y me convoca a la oscuridad.
Una vez más veo tu lúgubre espíritu de pie,
Tus ojos oscuros y tus manos lívidas que me llaman.

Pronto, este efímero eco de la llama vital
Olvidará su lánguida melancolía.
Pronto, estos ojos húmedos cerrarán sus ventanas.
¡Bienvenido el largo reposo de las noches sin sueños!
Pronto, este desgastado lamento callará;
Porque en el calmo letargo del ocaso
Hasta el Dolor se olvida de llorar.

Thomas Campbell

domingo, 30 de mayo de 2010

LA DONCELLA DE ORLÉANS

La doncella de Orléans es nada menos que Juana de Arco (alias la Señora del bosque, Das Mädchen aus Domrémy, La Pucelle, y un largo etcétera).

La tragedia de Friedrich Schiller fue escrita en 1801, y hoy la recordamos el aniversario de la muerte de Juana de Arco. Habrá que decir que Juana fue sentenciada a la hoguera en Ruan, tras una escandalosa traición de los borgoñones quienes la entregaron a los ingleses. El duque de Bedford la condenó como hereje; y el fuego acabó con ella en 1431.

Un cuarto de siglo después de aquel proceso infame, Carlos VII presionó sobre la iglesia para que revise sus actas y los documentos inquisitoriales. En 1456 se declaró que las pruebas que la condenaron eran falsas. Finalmente la inocencia de Juana de Arco fue reconocida. Ya en el siglo XX, en 1909 para ser más precisos, Juana de Arco fue beatificada, y en 1920 fue definitivamente santificada, convirtiendo a la Dama de Domrémy como la santa patrona de Francia.

Semejante personaje no podía pasar inadvertido para la literatura; incluso su nombre, Juana de Arco, es casi una creación literaria. Ella escribía su nombre con un simple Jehannette; el apellido de su padre era Darc; y un poeta de 1576, no sabemos si intencionalmente o producto del azar; deslizó un apóstrofe, inmortalizando el d'Arc, de Arco.

Hoy 30 de mayo se recuerda la muerte de Juana de Arco, tanto de la heroína real como de la mística dama de los bosques franceses. Ambas son inseparables, ambas pertenecen al mito tanto como a la historia. Y si la Juana de Arco que azotó a los ingleses en Orléans merece su recuerdo; aquella que de niña era visitada por los ángeles y espíritus, asistiendo temblorosa a los funerales de las hadas, merece también una pequeña evocación de nuestra parte.

lunes, 22 de marzo de 2010

PRIMER AMOR :: LADY IN BLACK

Sin ambivalencias el primer amor, visto a través de los ojos de la poesía, es tanto un momento de felicidad como el comienzo de una muerte lenta. Saber que en esos labios se condensan todos los besos del futuro, la medida y una cifra imprecisa de caricias, considero es indefinible en términos de bendición o condena.

John Clare, más diáfano que mis balbuceantes introducciones, nos plantea la siguiente situación: Alguien contempla a una dama, se enamora, siente que es un momento trascendental, y sabe que su corazón ya no será suyo.

¿Bendición o condena? Que alguien que conserve el corazón en su propio pecho responda. Yo, ya no lo se.

Primer Amor.
First Love; John Clare (1793-1864)

Nunca fui golpeado antes de esa hora
Por un amor tan dulce y repentino,
Su rostro floreció con aires marinos
Y se llevó mi corazón lejos, definitivamente.
Mi rostro empalideció con el blanco de los muertos,
Mis piernas se negaron a marchar,
Y cuando ella miró ¿a quién podría reclamar?
Mi vida y mi todo se convertían en piedras de sal.

Entonces la sangre se apresuró en mi rostro
Y arrebató aquel paisaje de mis ojos,
Los árboles y arbustos del lugar
Fueron mediodía y crepúsculo.
No pude ver una sola cosa,
Palabras había en mis ojos
-Hablando con el acorde de las cadenas-
Y la sangre ardiente se volcó a mi corazón.

¿Tienen las flores la elección del invierno?
¿Es el lecho del amor siempre helado?
Parecía que ella oía mi silenciosa voz,
El amor no es un llamado al saber.
Yo nunca vi un rostro tan dulce
Como aquel que estaba frente a mi.
Desde entonces mi corazón abandonó mi cuerpo,
Y ya nunca retornó.
John Clare

jueves, 3 de diciembre de 2009

CUANDO ENTRE LA SOMBRA OSCURA

Creo que a todos nos ha pasado lo que Gustavo Adolfo Becquer nos relatará en este excelente poema. Aquellos que jamás han sentido la profunda alegría y angustia que causa el amor, posiblemente no entiendan demasiado bien a qué oscuras cuestiones se refiere nuestro poeta; pero claro, si estos espectrales e hipotéticos seres jamás han escuchado la llamada de la pasión, la comprensión de un poema es el menor de sus problemas.

Cuando nuestro corazón no nos pertenece completamente, es cuando podemos estar seguros de estar enamorados: es como si la realidad cotidiana fuese vista a través de un cristal, no para deformarla, sino para darle su justa medida. Es en este universo, lleno de arrebatadoras presencias y de desdichadas ausencias, donde todos los rostros de la creación parecen hablarnos de nuestro amor; como si cada aspecto del mundo viniese a dar fe de la existencia de la felicidad.

Nuestros lectores escépticos podrán rebatir que esta es una realidad falsa, que el trabajo que tenemos o los estudios que cursamos siguen siendo los mismos; que nuestra supuesta nueva vida es tan frágil como la anterior, y que basta un simple dolor de muelas para arrancarnos de ese paraíso artificial. A esto contestaremos que sí, ciertamente la realidad del amor es tan brumosa como la poesía, irreal como los sueños, y falsa como la esperanza. Pero lo cierto es que para el enamorado, la poesía ya no es un juego literario, o una ambición estética; para él la poesía es el único idioma que puede expresar el torbellino que agita su corazón; los sueños han perdido ese carácter personal y nebuloso, y se transforman en visiones completas, inequívocas, dibujando un futuro que sólo es concebible en compañía del otro. Lo mismo sucede con la esperanza, la cual sólo es patrimonio de los que no se conforman con lo aparente, de los que intuyen que la realidad no concluye con las oscuras fronteras de nuestros sentidos.

Así el enamorado cree ver el rostro de su amada hasta en los detalles más prosaicos de la vida cotidiana. Lejos de las ominosas visiones de paisajes románticos y bucólicos, y más cerca de la simple brisa de invierno, o de los ecos sombríos de un beso que ha comenzado a perder su sabor.

Cuando Entre La Sombra Oscura
(Gustavo Adolfo Becquer 1836 - 1870)

Cuando entre la sombra oscura
perdida una voz murmura
turbando su triste calma,
si en el fondo de mi alma
la oigo dulce resonar,

Dime: ¿es que el viento en sus giros
se queja, o que tus suspiros
me hablan de amor al pasar?

Cuando el sol en mi ventana
rojo brilla a la mañana
y mi amor tu sombra evoca,
si en mi boca de otra boca
sentir creo la impresión,

Dime: ¿es que ciego deliro,
o que un beso en un suspiro
me envía tu corazón?

Y en el luminoso día
y en la alta noche sombría,
si en todo cuanto rodea
al alma que te desea
te creo sentir y ver,

Dime: ¿es que toco y respiro
soñando, o que en un suspiro
me das tu aliento a beber?

Gustavo Adolfo Becquer.

domingo, 18 de octubre de 2009

SÓLO UNA MUJER

Este poema debería ser una fuente de inspiración (o revelación) para todos los hombres que desean honrar a las mujeres que aman.

Tan a menudo caemos en el afán de posesión, tan necio y brutal es el corazón del hombre, que las delicadezas que la mujer nos otorga pasan como lágrimas en la oscuridad.

Deberemos comprender que el amor es una elección cotidiana, y que no hay condiciones ni títulos que la encierren. La mujer no es novia, ni esposa, ni amante, ni amiga. Es todas esas cosas, y mucho más que la suma de sus partes.

Nuestra aguda poetisa inglesa, Dinah Craik, nos ha dejado una ventana entreabierta al corazón de una mujer. Todo parece indicar que nos relata sobre la infidelidad de su esposo, pero detrás de esta interpretación simple subyace otra, acaso menos traducible en palabras, pero mucho más profunda y dolorosa.

Existe una infidelidad más atroz que la realizada con un tercero. La peor de las infidelidades es la traición sin objeto. Es dar por sentado que el amor está garantizado por un anillo o una promesa.

Cuando una mujer se enamora permanece en ese sentimiento, mientras su ser evoluciona. Nosotros, o algunos de nosotros, hombres canallescos y cretinos, vamos mutando la manera en que las amamos. Las palabras dulces son menos frecuentes, las caricias más breves, los besos se tornan fríos, distantes. Es entonces que ya no estamos con la misma mujer. La hemos transformado en un objeto. Así hemos quebrado la esencia de una dama: por un lado está la mujer real (la misma que era cuando nos conoció), y por otro está la que ya no besamos con la misma pasión.

Si estás enamorado, intenta no ser infiel con el don que ella te ha otorgado. Que las palabras de ternura nunca se vuelvan frías en tu boca. Decir Te Amo nunca está de más, callarlo es privarse de un placer infinito.

Si logramos esto, ellas seguirán siendo Una.

Sólo una Mujer
Only a woman, Dinah Maria Mulock Craik. (Miss Mulock) 1826 – 1887

La verdad fue dicha. La tomé como una pequeña sierpe,
No me matará. Mi corazón no se romperá,
Aunque más no sea por el cariño de los que me rodean.

Por él también, en cierta manera. Deja que no sea culpado;
Tampoco digamos que me ha dado un honor manchado,
Excepto (Apenas merece ser nombrado) su corazón.

Se ha ido. La muerte corrupta podría ser
Fácilmente vencida, respirando.
Entonces todo su ser hasta mí volvería.

Jamás lo he visto en los cortejos deportivos,
Ni lo he cortejado como las inocentes doncellas,
No me importó cuándo caería el precio de la dicha.

Sólo lo amé (cualquier mujer lo haría),
Callé mi amor hasta que él lo reclamó,
Luego fluí como un torrente por su vida seca.

Fui tan feliz que haría de él una santa bendición,
Tan feliz de que haya sido el primero y el mejor,
Así como lo fui yo: ambos presas, ambos cazados.

¡Ah, si sólo hubiese sido real!
Si por un sólo año, un mes, o dos,
Me hubiese dado amor por amor.

O si me hubiese confesado: la muerte es un hecho;
Si abatido hubiese depositado el trono de su corazón.
¡Pobre sustituto! Pues su reina se había ido.

O si hubiese suspirado, cuando sus besos duces
Agitaban mis labios en cálidas caricias,
Que él besaba a otra dama como esta, menos amargo sería.

A veces sé que podría lamentar
El engaño, como los niños al soñar,
Pero mi angustia es demasiado seca para llorar.

Entonces levanté mi hogar en una tierra extraña;
Burlada por un corazón atrapado en la duda,
Una esencia que parecía firme, sin embargo tan solitaria.

Y cuando aquel corazón comenzó a helarse (helado permanece),
Yo, ignorante, me afané en todas las artes de la mujer,
Culpando a mi estúpido dolor; me volqué a todo por él.

Estaba destinado a ser:
El trazo pleno de la agonía fue construido,
Y el cáliz amargo de Tántalo me fue servido.

Otra vez digo: Él me dio todo lo que reclamé,
Y mis niños jamás deberán avergonzarse,
Él es un hombre justo, y vivirá sin culpas.

¡Oh, Dios, Dios! Ruego por pan y recibo piedras,
Diariamente descansa mi cabeza
Sobre un pecho donde un viejo amor ha muerto.

¿Muerto? ¡Tonta, si nunca has vivido!
Sólo has vaciado las horas como un cadáver frío.
Tampoco has escuchado en la tumba el cuerpo caído.

Él mantendrá a su otra dama lejos,
No se si su rostro es brutal o bello,
Sólo sé que era su deleite.

Por lo tanto, mi canto comienza a terminar.
No pienso en las risas o el insulto del mundo.
En este tormento no se oye el consuelo de los amigos,
Ni la ciega burla de los enemigos.

Nadie sabe. Nadie escucha.
Conservo algo de mi orgullo,
El suficiente como para levantarme como esposa,
Sonreír ante él como cuando era su novia estúpida.

Feliz, mientras los solemnes años pasan de largo,
Él pensará con un suspiro, mirando hacia el pasado,
Que la otra mujer era la sombra de la que está a su lado.

Dinah Maria Craik

lunes, 28 de septiembre de 2009

LA ALQUÍMIA DEL AMOR

Todos hemos oído hablar sobre la Química del Amor. Algunos utilizan el término para explicar la pasión o una atracción irresistible, otros lo emplean para describir escrupulosamente los componentes químicos que liberamos durante el amor. Yo sospecho que este concepto es casi un abuso del vocabulario que se ha extendido hasta convertirse en un lugar común. Pero coincido con la poesía, que con su ancestral sabiduría nos habla de la Alquimia del Amor.

Lo experimental siempre es un proceso estático, frío. Pero la alquimia, esa maravillosa y lunática aventura que tantos sabios emprendieron, es todo lo contrario. El fin del alquimista (la trasmutación) no es un cambio material en la esencia de los objetos, sino la mutación de su propio ser. Así funciona el amor: uno ama para trascenderse, para ser algo más que un ente especular. Uno se enamora con la vana fantasía de acariciar el interior de otra persona, y cuando ese amor es sincero no hay forma de que la magia no se produzca. Nosotros ya no seremos iguales, pues una parte de nuestra esencia ya no nos pertenece, y el otro, el amado, tampoco podrá permanecer inoculado ante ese amor que no espera nada para continuar floreciendo.

Por supuesto que también el amor tiene su espejo, un eco distorsionado que se va deformando con el tiempo. John Donne, ese grandioso y metafísico poeta inglés, nos anticipa un posible destino para los enamorados: esconder eternamente la tristeza bajo la mortaja del desprecio, sin permitir que olvidemos que los recuerdos más hermosos sólo mueren con las últimas lágrimas de un anciano.

Alquimia del Amor
Love's Alchemy, John Donne (1572-1631)

Algunos que han excavado más profundo que yo
En las sórdidas cavernas del amor,
Dicen dónde se halla su céntrica felicidad.
He amado, he poseído, he contado,
Pero aunque amase, poseyese y contase hasta envejecer,
Aquel oculto misterio no hubiese encontrado.

¡Oh, todo es impostura!

Ningún alquimista ha conseguido el elixir,
Sin embargo con paciencia glorifica sus calderos,
Por si la casualidad
Le asalta con aromáticas medicinas,
Así sueñan los enamorados,
Con un deleite pleno y prolongado,
Para que esta triste y helada oscuridad
Se transforme en una noche de verano

¿Habremos de entregar nuestra paz, coraje, honor y vida
A esta burbuja de vanas sombras?
¿En esto termina el amor?

¿Puede ser alguien feliz representando la parodia del novio?
Aquel infeliz enamorado que jura
Que no es de ella la médula carnal lo que ama,
Sino su mente, donde angelicales formas encuentra,
También podría jurar con justicia que escucha
Durante el rumor del día el brillo de las estrellas.
No esperes encontrar compasión en la mujer,
Tal vez halles ingenio y ternura,
Sólo momias: cadáveres de la dulzura.
John Donne

domingo, 27 de septiembre de 2009

BAUDELAIRE EN LIMA :: SPLEEN

“Pareciera que Baudelaire hubiera escrito las primeras estrofas de “Spleen” en Lima”, despues de tomar una edición bilingüe de “Las flores del mal” y leo en su formidable idioma:

Spleen

Quand le ciel bas et lourd pèse comme un couvercle
sur l’esprit gémissant en proie aux longs ennuis,
et que de l’horizon embrassant tout le cercle
iI nous verse un jour noir plus triste que les nuits;
Quand la terre est changée en un cachot humide,
où l’Espérance, comme une chauve-souris,
s’en va battant les murs de son aile timidez
et se cognant la tête à des plafonds pourris.

“Pero fue escrito en Bruselas”. Luego leo la traducción con temor. Dicen que suelen ser traicioneras o que, si son bellas, no son fieles y viceversa, me refiero a las traducciones, claro.

Bajo y pesado el cielo, como una tapadera,
pesa siniestramente sobre el alma atediada
y, oscureciendo el círculo de lontananza entera,
vierte un día más triste que una noche nublada.
En calabozo húmedo la tierra convertida,
la Esperanza huye como un murciélago herido,
golpeando en los muros su ala entumida
y estrellando su vuelo contra el techo podrido.

Me deja pensando sobre la manera en que el medio ambiente afecta al ánimo de los habitantes de una ciudad. Hablamos del cielo panza de burro de Lima, color parecido al de una tapa de olla. Decimos que vivimos en una pecera, que nos van a salir branquias, el poeta habla de calabozo húmedo.

Los nativos de esta ciudad tan peculiar, que estando en el trópico tiene el clima de Londres, estamos vacunados, tenemos callo para convivir con él, entre ellos el “spleen”, salvo casos de lamentar.

Pero qué significa esta palabra inglesa, luego afrancesada, en sus orígenes griegos. “Bazo”, esa víscera que según Hipócrates produce la bilis negra, ese mal humor.

Para los puristas el “spleen” es hipocondríaco, es decir que no tiene causa aparente, le dicen “enfermedad invisible”, “herida ilusoria”, “enfermedad impalpable”; para otros esta angustia o melancolía (tan peligrosa y poética) tiene motivos bien precisos, problemas afectivos, laborales, etc.

En Baudelaire, al parecer, el asunto es entre ecológico y teológico, entre el clima y la falta de esperanza.

miércoles, 26 de agosto de 2009

BERTHA PAPPENHEIM :: LOS DEMONIOS DE LA SOLEDAD

De la Histeria y La Injusticia

Bertha Pappenheim fue una de las mujeres más notables e ignoradas del siglo XIX. Atormentada por increíbles patologías, poseedora de un talento y una abnegada sensibilidad, ésta misteriosa Dama vivió y murió en medio de la más amarga tragedia: la de quién pasa por éste tenebroso mundo sin sentir jamás un gesto de ternura.

Los Demonios de la Soledad

Josef Breuer fue el primer médico en tratar su caso con cierto éxito. Recordemos que en aquellos años, los tratamientos contra la histeria eran verdaderas torturas: la morfina, el hidrato de cloral y el cloroformo eran habituales en el tratamiento. Charcot incluso hacía que sus pacientes ingirieran hierro y luego los colgaba del techo con arneses de metal. Éste era el ambiente que reinaba cuando Breuer emprendió el tratamiento de Bertha Pappenheim en Viena, en el año 1880.

La joven tenía veintiún años y sufría de diversos síntomas, todos ellos graves. Breuer la describió cómo: "de una inteligencia notable, que tenía una percepción asombrosamente rápida de las cosas y una intuición notable". Su enfermedad (o histeria, cómo se la llamaba en aquellos años, englobando con el término una enorme cantidad de diferentes patologías), se caracterizaba por síntomas físicos muy llamativos, estados de consciencia oscilantes y crisis nerviosas. Entre la miríada de síntomas físicos que la afectaban, presentaba parálisis parciales en las extremidades y en el cuello, lo que le impedía mover la cabeza y los brazos. Padecía de una tos nerviosa que provocaba ronquera y dificultades para hablar, junto con fuertes migrañas. Sufría pérdida del lenguaje, no podía hablar en alemán, su lengua materna; solía emitir sonidos incomprensibles en los que mezclaba otros cuatro idiomas. Durante cierto tiempo sólo pudo expresarse en inglés.

Padecía de alucinaciones espantosas, en las que veía serpientes negras, que no eran sino sus propios cabellos. En ocasiones describía unos ojos azules que brillaban junto a su lecho, y una voz que la atormentaba con crueles alusiones a su aspecto físico.

Fue tan extraordinario su aporte en el tratamiento, tan aguda su inteligencia, que Breuer la designó cómo la coautora del método catártico. Junto a sus cualidades literarias, mostraba una bondad sin límites. Incluso durante lo más crudo de su enfermedad, solía ayudar en hospitales, hospicios, confortando a pobres y abandonados.

Pero la verdadera tragedia de su vida fue la soledad. Desbordante de vitalidad intelectual, pasaba sus días entre las monótonas actividades de una familia puritana; que nada sabía de su vida interior, ni de sus anhelos, esperanzas e ilusiones. Ella es un claro ejemplo de la desigualdad sufrida por las mujeres. George Eliot, que era el seudónimo que usaba Mary Ann Evans, en la novela Daniel Deronda, capta la esencia de los tormentos de Bertha:

"...tú no eres una mujer, puedes intentarlo, pero nunca podrás imaginar lo que es tener la fuerza del genio de un hombre y, a pesar de ello, sufrir la esclavitud de ser una niña..."

Bertha Pappenheim debe ser vista cómo una persona absolutamente singular: inteligente hasta el punto de rozar la brillantez, creativa, imaginativa, y dueña de una voluntad poderosa.

Además de fundar hospicios para madres solteras, escribió poesía, obras teatrales, artículos periodísticos, y varios escritos polémicos. Vivió muchos años, pero nunca pudo recuperarse del todo. Jamás se casó ni tuvo relaciones íntimas con hombres. Sufrió indecibles horrores mientras las noches solitarias se encadenaban sin solución de continuidad.

No fue una mujer típica de su época, aunque probablemente no hubiese sido típica en ninguna época. Allá por 1911 escribió un poema que refleja claramente lo que pasaba por su alma torturada. La Oscuridad de sus letras es tenue, pero a la vez la considero cómo una mujer que merece ser leída, y una amiga de éste Reino.

El Amor no me alcanzó,
por eso vivo cómo las plantas,
en el sótano, sin Luz.

El Amor no me alcanzó.
Por eso sueno cómo un violín
con un arco roto.

El Amor no me alcanzó.
Por eso me sumerjo en el trabajo
y, castigada, vivo para mis deberes.

El Amor no me alcanzó.
Por eso me gusta pensar que La Muerte
tiene un rostro agradable.

Bertha Pappenheim.

sábado, 22 de agosto de 2009

UN LAMENTO EN EL AMANECER

La imagen de un amante que espera la llegada de su enamorada es tan perturbadora como fascinante. Hay algo horrible en la espera, en ese lento transitar de las horas, en esa ansiedad que se consume en fantasías de toda clase.

Siempre hay una última espera. Llegará el día en que esa persona que sentimos parte de nuestra vida ya no vendrá. En vano observaremos como se diluye el tiempo sin su presencia, como poco a poco nos iremos transformando en el espectro de lo que fuimos, o de lo que debíamos ser. Del otro lado: el Silencio. No hay señales. Ha muerto la esperanza, y con ella nosotros.

Supongo que alguno de ustedes habrá vivido esta sensación, esta espera que siempre concluye con la soledad. Parece que cuanto más amamos y más esperamos, la vida nos devuelve el desprecio más prosaico, esa indiferencia absoluta que lastima nuestro corazón con tanta crueldad que sólo nos deja fuerzas para anhelar el Vacío. Nos juramos entonces que jamás volveremos a sentir, que nadie tendrá el poder de desgarrarnos de este modo, que ya no seremos el capricho o el juguete del amor, que el destino bien puede arder en la podredumbre y el hedor de sus promesas ya que no cederemos.

Nosotros no. Ya no. Nunca más... ¿nunca más?

El porqué de la duda es demasiado sencillo. Los que hemos vivido la espera infructuosa de una dama, sentimos que todavía nos queda una tarea por delante. No lo hacemos por esta egoísta divinidad que parece gobernar el mundo, tampoco por las Musas, el Arte, la Esperanza o la Fortuna: Simplemente sobrevivimos porque quizás en algún sitio hay una mujer que, sin saberlo, sin conocernos, sin que sus sueños y fantasías tengan nuestro rostro, también espera por nosotros.

Para todos aquellos que sufren y esperan por amor. Para los que esperan a alguien en particular y para los otros, que soñamos con la llegada de alguien especial, les dedico este hermoso y triste poema de Wolfgang Goethe. Aquí, una dama realiza una promesa: volver a la habitación de su amado con las primeras luces del día; y él esperará toda la noche, sin perder las esperanzas, aun cuando la cálida habitación se convierta en una fría tumba.

Un Lamento en el Amanecer
Johann Wolfgang Von Goethe (1749-1832)

Oh tú, cruel, mortalmente hermosa doncella,
Dime qué gran pecado he cometido
Para que me hayas atado, escondido,
Dime porqué has roto la solemne promesa.

Fue ayer, sí, ayer, cuando con ternura
Tocaste mi mano, y con dulce acento afirmaste:
Si, vendré, vendré cuando se acerque la mañana,
Envuelta en brumas a tu cuarto llegaré.

Sobre el crepúsculo esperé junto a la puerta sin llave,
Revisé con cuidadoso esmero todas las bisagras
Y me regocijé al comprobar que no gemían.

¡Qué noche de ansias expectantes!
Pues miré, y cada sonido fue esperanza;
Si por casualidad dormité unos breves instantes,
Mi corazón siempre se mantuvo despierto
Para arrancarme del sopor inquieto.

Si, bendecí la noche y al manto de tinieblas
Que con tanta dulzura cubría las cosas;
Disfruté del silencio universal
Mientras escuchaba en la penumbra,
Ya que hasta el mínimo rumor me parecía un signo.

Si ella tiene estos pensamientos, mis pensamientos,
Si ella tiene estos sentimientos, mis sentimientos,
No aguardará el arribo de la mañana
Y con seguridad vendrá hasta mí.

Un pequeño gato saltó en el suelo,
Atrapando a un ratón en un rincón,
Fue ese el único sonido en la habitación,
Jamás anhelé tanto escuchar unos pasos,
Jamás ansié tanto escuchar sus pasos.

Y allí permanecí, y permaneceré siempre,
Ya llegaba el resplandor del amanecer,
Y aquí y allí se oían los primeros movimientos.

¿Es ahí en la puerta? ¿En el umbral de mi puerta?
Acostado en la cama me apoyé sobre el codo,
Mirando fijo la puerta, apenas iluminada,
En caso de que en el silencio se abriera.

Las cortinas se alzaban y caían
En la quieta serenidad del cuarto.

Y el día gris brilló, y brillará siempre,
En la habitación contigua se oyó una puerta,
Como si alguien saliese a ganarse el sustento,
Oí el estrepitoso temblor de los pasos
Cuando las puertas de la ciudad fueron abiertas,
Escuché el alboroto en el mercado, en cada esquina;
Quemándome con la vida, el griterío y la confusión.

En la casa los sonidos iban y venían,
Arriba y abajo de las escaleras,
Las puertas chirriaban,
Se abrían y cerraban,
Y como si fuese algo normal, que todos vivimos,
De mi desgarrada esperanza no brotaron lágrimas.

Finalmente el sol, ese odiado esplendor,
Cayó sobre mis paredes, sobre mis ventanas,
Cubriéndolo todo, apresurándose en el jardín.

No hubo alivio para mi aliento, hirviente de anhelos,
Con la brisa fresca de la mañana,
Y, podría ser, aún sigo allí, esperándote:
Pero no puedo encontrarte bajo los árboles,
Ni en mi sombrío sepulcro en el bosque.

Johann Wolfgang Von Goethe

viernes, 7 de agosto de 2009

EL ANIVERSARIO

EL ANIVERSARIO

Aquella noche era especial, y ella lo sabía.

La mesa era un canto a la pulcritud: el cristal y la plata derramaban sus destellos sobre el mantel, el vino aguardaba ansioso en las copas. Ella esperaba, sentada. Las manos, unidas sobre la falda, se frotaban con impaciencia. Miró hacia la ventana. Nada. Ningún paso en el umbral, tan sólo el quejido lastimero de un perro, a lo lejos, en lo profundo de la noche.

El día había comenzado con una actividad febril. Limpió obsesivamente cada rincón de la casa, incluso el sótano, sitio que aborrecía profundamente. De la bodega extrajo la mejor cosecha que poseía. Luego se dedicó a la cocina, dónde pasó largas horas preparando aquel plato que a él siempre le había gustado. Se vistió con sus mejores galas, y frente al espejo deploró el tétrico paso del tiempo. Ya no era joven, y aunque podía decirse que mantenía el encanto de la madurez, ella se veía vieja y decrépita, por lo tanto lo era.

Nada de aquello le molestaba realmente; nunca había sido vanidosa. Lo único que detestaba, y posiblemente lo único que la hacía sentir viva, eran los violentos dolores que solía sentir en el vientre. Se presentaban cotidianamente, al menos en los últimos tiempos, y siempre de noche. La pulsión del dolor era insoportable, la arrebataba con sordos latidos palpitantes en el estómago, cómo si un cuchillo removiese diariamente sus entrañas; más nunca se le oyó emitir un sólo lamento; su cuerpo se doblaba, caía al suelo, y aguardaba.

Pasaron los minutos. El resplandor de las velas jugaba con su rostro. ¿Porqué se demoraba tanto? Miró el reloj, aún no daban las diez. Todavía era temprano, y él siempre había sido puntual. En los treinta aniversarios que habían festejado, él jamás había olvidado la cita. Ésta idea hizo que la alfombra del tiempo se extendiese ante ella. Treinta años, pensó. Trató de recordar el último gesto de cariño que había recibido. ¿Acaso hubo un último? ¿Existe el último beso, la última caricia?

Siempre supo que él era infiel, y aunque su corazón la incitaba a la rebelión, se mantuvo firme en su fachada de buena esposa. Jamás hizo ningún comentario sobre el tema, ni siquiera cuando él retornaba a la madrugada, exudando el aroma del sexo de otra mujer. Todo lo toleró, porque así fue criada. Lentamente fue perdiendo todo lo que la hacía Mujer, es decir, se resignó a no ser deseada.

Sin embargo, algo se agitaba en su interior, algo indefinido, cómo el recuerdo de un sueño...

El débil sonido de unos pasos la arrancaron de sus reflexiones. Alzó la cabeza. Vio la sombra debajo de la puerta, cómo si el visitante no supiese cómo reaccionar ante una puerta cerrada. Ella permaneció en silencio. Finalmente, se oyeron tres golpes sordos, carentes de ritmo.

Adelante...

La puerta crujió como si no hubiese sido abierta desde hacía mucho. La figura dio un paso, tambaleante, la luna alcanzó a derramarse sobre el suelo, las velas palidecieron, una corriente fría atravesó el cuarto. La puerta se cerró, violentamente.

Ella mantenía la mirada en su regazo, sumisa. Él no pronunció palabra, sólo una especie de gruñido entrecortado que parecía indicar cierto cansancio. Ella se puso de pie, y se deslizó en la cocina. Treinta años, pensó; mientras abría la puerta del horno.

Entonces la asaltó una oleada de irrealidad, la bandeja que obsesivamente había preparado no estaba. Miró en torno suyo, la cocina estaba derruida, de las paredes colgaban jirones de un empapelado gris y mohoso, una gruesa capa de polvo cubría el piso, las ventanas estaban tapiadas con tablas de madera, del techo caían pequeñas gotas de humedad, el aire era pestilente, un hedor cadavérico imposible de respirar...

Treinta años, pensó; y una sonrisa se insinuó en su rostro.

Volvió al comedor, allí las cosas mantenían cierta apariencia de realidad. Las velas iluminaban un cuarto limpio y pulcro, la mesa seguía adornada de cristal y plata, el vino aún descansaba en las copas. Y él, sentado, inmóvil, la observaba.

Se sentó con lentitud, alzó la vista, y enfrentó su mirada.

En el otro extremo de la mesa estaba el reflejo de lo que alguna vez fue un ser humano. Aún vestía los restos de un elegante traje, la piel fina y verdosa se adhería a los huesos, las manos, apoyadas sobre el mantel, exhibían unos dedos coronados por largas y negras uñas; el rostro era una masa informe de tejidos vizcosos. Las cuencas vacías miraban estúpidamente hacia adelante. Los labios, carcomidos por los largos años de descomposición, se abrían en una mueca siniestra, revelando unos dientes ambarinos y pútridos. Entonces la figura se movió, sus manos comenzaron a remover los botones de la camisa; la boca se abría en un regocijo silencioso.

Ella lo veía, inmóvil pero sin temor, cómo quien observa una obra largamente conocida. Lo vió debatirse con movimientos torpes. Finalmente, la figura descubrió su vientre, y emitió un quejido espantoso. El estómago del ser parecía carcomido por alguna especie de ácido, las costillas negras y fétidas se cerraban sobre los órganos horriblemente mutilados.

Comenzó a recordar: el aniversario, la cena, el veneno, los gritos, la muerte, la satisfacción.

Mientras el espectro aún balbuceaba su odio, ella evocó con dulzura aquellos recuerdos. Volvió a sentir un placer intenso y macabro mientras en su mente lo veía consumir el veneno, delicadamente disimulado en la comida. Recordó aquel líquido blancuzco que brotó de sus labios, los espasmos irregulares, el retorcerse en el piso clamando por piedad, el último suspiro, la muerte.

Qué importaba la condena? Qué importaba la visita de éste espectro gimiente y patético, qué cada año la visitaba para revivir aquel aniversario? Acaso el placer no superaba al castigo?

Los quejidos de la Figura se transformaron en la parodia de una sonrisa. Ella se dobló, el dolor en el estómago la asaltó, barriéndola hacia la oscuridad. Tirada en el piso, alcanzó a ver dos profundos tajos en sus muñecas. Vio su propia piel reseca, de las heridas ya no brotaba sangre.

Entonces lo comprendió todo: después del veneno, vino el inevitable suicidio, y con él, la eterna repetición del infierno.

jueves, 30 de julio de 2009

UNA NOCHE DE AMOR

Se ha dicho que la anticipación del goce es el más intenso de los placeres; mayor aun que el estremecimiento del goce mismo.
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Yo, es decir, el que habita de este lado del Corazón de Vampiro, siento que esto es cierto. No porque la sorpresa sea despreciable en el amor, al contrario, lo súbito tiene un carácter particularmente apetecible para la pasión; sino porque en ocasiones la anticipación, la promesa de una noche plena de erotismo suele estimular con mayor delicadeza nuestra capacidad de recibir placer.
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Delmira Agustini eleva esta idea hacia sublimes alturas mediante su poema. Ella no promete un efímero encuentro apasionado, sino una noche que sea más intensa que la suma de sus instantes.
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Sobre los avatares de aquella noche, la vivida por nuestra adorada poetisa y su ignoto amante, prefiero, por prudencia, omitir ciertos detalles que deben permanecer en la intimidad, y sobre los cuales, ni siquiera la poesía debería tener potestad.
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Supongo que mis lectores enamorados disfrutarán de esta breve y hermosa promesa de amor.
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La Cita
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En tu alcoba techada de ensueños, haz derroche
de flores y de luces de espíritu; mi alma
calzada de silencio y vestida de calma,
irá a tí por la senda más negra esta noche.
T
Apaga las bujías para ver cosas bellas;
cierra todas las puertas para entrar la ilusión;
arranca del misterio un manojo de estrellas
Y enflora como un vaso triunfal tu corazón.
T
¡Y esperarás sonriendo, y esperarás llorando!...
cuando llegue mi alma, tal ves reces pensando
que el cielo dulcemente se derrama en tu pecho...
T
Para él, amor divino, ten un diván de calma
o con el lirio místico que es su arma, mi alma
Apagará una a una las rosas de tu lecho!
Delmira Agustini.

sábado, 25 de julio de 2009

LA CAIDA DE LA CASA DE USHER

La caída de la casa Usher (The fall of the house of Usher) es un relato de terror del escritor norteamericano Edgar Allan Poe. Fue publicado en 1839, aunque su versión definitiva apareció un año después, en la colección Cuentos de lo grotesco y lo arabesco. El relato también contiene uno de los mejores poemas de Poe: The haunted palace.
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Lo primero que hay que decir sobre este cuento (que bien podría ser lo único, siendo lo demás irrelevante) es que en su estructura se condensa toda la visión de Edgar Allan Poe sobre el relato corto. Todo, absolutamente cada elemento y palabra, son esenciales para la silueta final del relato. Y esto hay que tenerlo en cuenta, ya que pocos autores fueron lo suficientemente sutiles como para sacrificar la tendencia barroca del período en busca de la economía y la eficacia narrativa.
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Entrar en la trama de La caída de la casa Usher puede parecer simple, pero no lo es, ni siquiera remotamente. Baste decir que es un relato total, es decir, un cuento que contiene todo lo que Poe era capaz de dar, sin que ello nos deje algunos interrogantes válidos; como la cita errónea del poema de De Béranger al comienzo; desliz que encierra otro misterio que no develare; pero que espero evacuar oportunamente.
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Antes de entrar en el cuento; les dejo un interesante corto sobre La caída de la casa Usher, que quizás estimule a los indecisos a meterse de lleno en este extraordinario relato de Edgar Allan Poe.

viernes, 24 de julio de 2009

CARMINA BURANA :: POEMA LATIN/ESPAÑOL

El Carmina Burana, a veces llamado Codex Buranus, es un compendio de poemas y cantos en latín del siglo XII y XIII.
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Carmina Burana significa algo así como Los Cantos de Bura, es decir, de Beuern; el nombre latino de la ciudad alemana Benediktbeuern, donde el manuscrito fue redescubierto en 1803. La palabra Carmina (canto, canción) es una de las peores pronunciadas del latín. Debería acentuarse en la primera a, y no en la i, como sucede habitualmente. Pero este es apenas un detalle de frívolo refinamiento que a nadie le interesa.
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El original del Carmina Burana recopila unos 300 versos en latín vulgar, antiguo alto alemán, y francés antiguo. La métrica de los poemas latinos no es la clásica, consecuencia natural de ser escritos en Austria durante el siglo XII, y que ha desembocado en algunas bellas formas novedosas del latín, con variaciones y tonos muy interesantes.
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Carmina Burana es un compendio de poemas al placer, al amor, dedicados a la vida y al goce estético de los pequeños y grandes momentos que la componen.
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Oh, Fortuna es un poema que pertenece a esta colección. La trama del poema es una especie de himno, con algunos residuos de intenso sarcasmo, dedicado a Fortuna, la diosa romana del azar.
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Considero que el siguiente video es sencillamente magnifico pues en el se encuentra la escencia de la música gotica y en mi opinion personal la música gotica tiene su origen en la musica clasica. y estoy seguro que percibiran su increible fuerza evocadora.

Aquí les dejo unos fragmentos muy interesantes del Carmina Burana, tanto los originales en latín como sus traducciones al español.

Pueden leer o descargar gratis el Carmina Burana aquí:
http://www.scribd.com/doc/4349757/Anonimo-Carmina-Burana

jueves, 23 de julio de 2009

EL ARTE DE ESCRIBIR CUENTOS FANTASTICOS

Somos muchos los que encontramos un intenso placer en la concepción de cuentos y relatos de terror. Claro que la fórmula del éxito en la literatura se reduce siempre a su expresión fundamental: el talento y la eficacia; las cuales son, en gran medida, producto de nuestras lecturas. Ahora bien, el talento se adquiere leyendo (libros, no blogs, y menos uno como este); pero el oficio de escribir con corrección es producto de una práctica intensa y continuada.

Pensando en todos aquellos que sienten la necesidad física de escribir, H.P.Lovecraft escribió este breve y nutritivo ensayo sobre su experiencia como narrador de cuentos fantásticos.

Sobre el arte de escribir cuentos fantásticos.

El motivo por la cual escribo cuentos fantásticos es porque me producen una satisfacción personal y me acercan a la vaga, escurridiza, fragmentaria sensación de lo maravilloso, de lo bello y de las visiones que me llenan con ciertas perspectivas (escenas, arquitecturas, paisajes, atmósfera, etc.), ideas, ocurrencias e imágenes.
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Mi inclinación por los relatos sobrenaturales se debe a que encajan perfectamente con mis inquietudes personales; uno de mis anhelos más fuertes es el de lograr la suspensión momentánea de las irritantes limitaciones del tiempo, del espacio y de las leyes naturales que nos rigen y frustran nuestros deseos de indagar en las infinitas regiones del cosmos, que por ahora se hallan más allá de nuestro alcance, más allá de nuestro punto de vista.
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Estos cuentos tratan de incrementar la sensación de miedo, ya que el miedo es nuestra más fuerte y profunda emoción y una de las que mejor se presta a desafiar los cánones de las leyes naturales. El terror y lo desconocido están siempre relacionados, tan íntimamente unidos que es difícil crear una imagen convincente de la destrucción de las leyes naturales, de la alienación cósmica y de las presencias exteriores sin hacer énfasis en el sentimiento de miedo y horror.
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La razón por la cual el factor tiempo juega un papel tan importante en muchos de mis cuentos es debida a que es un elemento que vive en mi cerebro y al que considero como la cosa más profunda, dramática y terrible del universo. El conflicto con el tiempo es el tema más poderoso y prolífico de toda expresión humana.
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Mi manera personal de escribir un cuento es evidentemente una manera particular de expresarme; quizá un poco limitada, pero tan antigua y permanente como la literatura en sí misma. Siempre existirá un número determinado de personas que tenga gran curiosidad por el desconocido espacio exterior, y un deseo ardiente por escapar de la morada-prisión de lo conocido y lo real, para deambular por las regiones encantadas llenas de aventuras y posibilidades infinitas a las que sólo los sueños pueden acercarse: las profundidades de los bosques perdidos, las fantásticas torres y las llameantes y asombrosas puestas de sol. Entre esta clase de personas apasionadas por los cuentos fantásticos se encuentran los grandes maestros: Poe, Arthur Machen, M.R. James, Albergon Blackwood, Walter de la Mare; verdaderos clásicos, e insignificantes aficionados, como yo mismo.
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Sólo hay una forma de escribir un relato tal y como yo lo hago. Cada uno de mis cuentos tiene una trama diferente. Una o dos veces he escrito un sueño literalmente, pero por lo general me inspiro en un paisaje, idea o imagen que deseo expresar, y busco en mi cerebro una vía adecuada de crear una cadena de acontecimientos dramáticos capaces de ser expresados en términos concretos. Intento crear una lista mental de las situaciones mejor adaptadas al paisaje, idea, o imagen, y luego comienzo a conjeturar con las situaciones lógicas que pueden ser motivadas por la forma, imagen o idea elegida.
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Mi actual proceso de composición es tan variable como la elección del tema o el desarrollo de la historia; pero si la estructura de mis cuentos fuese analizada, es posible que pudiesen descubrirse ciertas reglas que a continuación enumero:
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I) Preparar una sinopsis o escenario de acontecimientos en orden de su aparición; no en el de la narración. Describir con vigor los hechos como para hacer creíbles los incidentes que van a tener lugar. Los detalles, comentarios y descripciones son de gran importancia en este boceto inicial.
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II) Preparar una segunda sinopsis o escenario de acontecimientos; esta vez en el orden de su narración, con descripciones detalladas y amplias, y con anotaciones a un posible cambio de perspectiva, o a un incremento del clímax. Cambiar la sinopsis inicial si fuera necesario, siempre y cuando se logre un mayor interés dramático. Interpolar o suprimir incidentes donde se requiera, sin ceñirse a la idea original aunque el resultado sea una historia completamente diferente a la que se pensó en un principio. Permitir adiciones y alteraciones siempre y cuando estén lo suficientemente relacionadas con la formulación de los acontecimientos.
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III) Escribir la historia rápidamente y con fluidez, sin ser demasiado crítico, siguiendo el punto anterior, es decir, de acuerdo al orden narrativo en la sinopsis. Cambiar los incidentes o el argumento siempre que el desarrollo del proceso tienda a tal cambio, sin dejarse influir por el boceto previo. Si el desarrollo de la historia revela nuevos efectos dramáticos, añadir todo lo que pueda ser positivo, repasando y reconciliando todas y cada una de las adiciones del nuevo plan. Insertar o suprimir todo aquello que sea necesario o aconsejable; probar con diferentes comienzos y diferentes finales, hasta encontrar el que más se adapte al argumento. Asegurarse de que ensamblan todas las partes de la historia desde el comienzo hasta el final del relato. Corregir toda posible superficialidad (palabras, párrafos, incluso episodios enteros), conservando el orden preestablecido.
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IV) Revisar por completo el texto, poniendo especial atención en el vocabulario, sintaxis, ritmo de la prosa, proporción de las partes, sutilezas del tono, gracia e interés de las composiciones (de escena a escena de una acción lenta a otra rápida, de un acontecimiento que tenga que ver con el tiempo, etc.), la efectividad del comienzo, del final, del clímax, el suspenso y el interés dramático, la captación de la atmósfera y otros elementos diversos.
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V) Preparar una copia; sin vacilar por ello en acometer una revisión final allí donde sea necesario.
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El primero de estos puntos es por lo general una mera idea mental, una puesta en escena de condiciones y acontecimientos que rondan en nuestra imaginación, jamás puestas sobre papel hasta que preparo un detallado resumen de estos acontecimientos en orden a su narración. De forma que a veces comienzo el bosquejo antes de saber cómo voy más tarde a desarrollarlo.
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Considero cuatro tipos diferentes de cuentos sobrenaturales: uno expresa una aptitud o sentimiento, otro un concepto plástico, un tercer tipo comunica una situación general, condición, leyenda o concepto intelectual, y un cuarto muestra una imagen definitiva, o una situación específica de índole dramática. Por otra parte, las historias fantásticas pueden estar clasificadas en dos amplias categorías: aquellas en las que lo maravilloso o terrible está relacionado con algún tipo de condición o fenómeno, y aquéllas en las que esto concierne a la acción del personaje con un suceso o fenómeno grotesco.Cada relato fantástico (hablando en particular de los relatos y cuentos de terror) puede desarrollar cinco elementos críticos:
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a) Lo que sirve de núcleo a un horror (condición, entidad, etc,).
b) Efectos o desarrollos típicos del horror.
c) El modo de la manifestación de ese horror.
d) La forma de reaccionar ante ese horror.
e) Los efectos específicos del horror en relación a lo condiciones dadas.
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Al escribir un cuento sobrenatural, siempre pongo especial atención en la forma de crear una atmósfera adecuada, aplicando el énfasis necesario en el momento necesario. Nadie puede, excepto en las revistas populares, presentar un fenómeno imposible, improbable o inconcebible, como si fuera una narración de actos objetivos. Los cuentos sobre eventos extraordinarios tienen ciertas complejidades que deben ser superadas para lograr su credibilidad, y esto sólo puede conseguirse tratando el tema con cuidadoso realismo, excepto a la hora de abordar el hecho sobrenatural. Este elemento fantástico debe causar impresión y hay que poner gran cuidado en la construcción emocional; su aparición apenas debe sentirse, pero tiene que notarse.
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Si fuese la esencia primordial del cuento, eclipsaría todos los demás caracteres y acontecimientos, los cuales deben ser consistentes y naturales, excepto cuando se refieren al hecho extraordinario. Los acontecimientos espectrales deben ser narrados con la misma emoción con la que se narraría un suceso extraño en la vida real. Nunca debe darse por supuesto este suceso sobrenatural. Incluso cuando los personajes están acostumbrados a ello, hay que crear un ambiente de terror y angustia que se corresponda con el estado de ánimo del lector. Un descuidado estilo arruinaría cualquier intento de escribir fantasía seria.
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La atmósfera y no la acción, es el gran desiderátum de la literatura fantástica. En realidad, todo relato fantástico debe ser una nítida pincelada de un cierto tipo de comportamiento humano. Si le damos cualquier otro tipo de prioridad, podría llegar a convertirse en una obra mediocre, pueril y poco convincente. El énfasis debe transmitirse con sutileza; indicaciones, sugerencias vagas que se asocien entre sí, creando una ilusión brumosa de la extraña realidad de lo irreal. Hay que evitar descripciones inútiles de sucesos increíbles que no sean significativos.
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Éstas han sido las reglas que he seguido (consciente o inconscientemente) ya que siempre he considerado con bastante seriedad la creación fantástica. Que mis resultados puedan llegar a tener éxito es algo bastante discutible; pero de lo que sí estoy seguro es que, si hubiese ignorado las normas aquí arriba mencionadas, mis relatos habrían sido mucho peores de lo que son ahora.

Howard Phillip Lovecraft.

sábado, 27 de junio de 2009

PROVERBIOS DEL INFIERNO

  • En tiempos de siembra aprende, en la cosecha enseña y en el invierno goza.
  • Conduce carro y arado sobre los huesos de los muertos.
  • La senda del exceso lleva al palacio de la sabiduría.
  • La prudencia es una fea y rica solterona cortejada por la incapacidad.
  • Quien desea y no actúa engendra la plaga.
  • El gusano cortado perdona el arado.
  • Sumergid en el río a quien ama el agua.
  • El necio no ve el mismo árbol que ve el sabio.
  • Aquel cuyo rostro no irradia luz nunca llegará a estrella.
  • La eternidad está enamorada de las creaciones del tiempo.
  • A la atareada abeja no le queda tiempo para la pena.
  • Las horas de la locura el reloj las mide; pero ningún reloj puede medir las de la sabiduría.
  • Ningún alimento sano se atrapa con red ni trampa.
  • Expone número, peso y medida en año de escasez.
  • No hay pájaro que vuele demasiado alto si lo hace con sus propias alas.
  • El cuerpo muerto no venga injurias.
  • El acto más sublime consiste en poner a otro ante ti.
  • Si el necio persistiera en sus necedades llegaría a sabio.
  • La necedad es el atuendo de la bellaquería, la vergüenza es el atuendo del orgullo.
  • Las prisiones se construyen con piedras de Ley; los burdeles con ladrillos de religión.
  • La altivez del pavo real es la gloria de Dios.
  • La lujuria del chivo es la liberalidad de Dios.
  • La cólera del león es la sabiduría de Dios.
  • La desnudez de la mujer es obra de Dios.
  • El exceso de pena ríe; el exceso de dicha llora.
  • El rugir de los leones, el aullido de los lobos, el oleaje furioso del mar huracanado y la espada destructora son porciones de la eternidad demasiado grandes para que las aprecie el ojo humano.
  • El zorro condena a la trampa, no a sí mismo.
  • El júbilo impregna; las penas procrean.
  • Que el hombre vista la melena del león y la mujer el vellón de la oveja.
  • Para el pájaro el nido, para la araña su tela, para el hombre la amistad.
  • El egoísta y sonriente necio y el necio que frunce malhumorado el ceño han de considerarse sabios, que podrían ser cetros.
  • Lo que hoy está probado, en su momento era sólo algo imaginado.
  • La rata, el ratón, el zorro y el conejo vigilan las raíces; el león, el tigre, el caballo y el elefante vigilan los frutos.
  • La cisterna contiene; el manantial rebosa.
  • Un pensamiento llena la inmensidad.
  • Presto has de estar para decir lo que piensas que así el ruin te evitará.
  • Todo lo que es posible creerse es imagen de la verdad.
  • Nunca el águila malgastó tanto su tiempo como cuando se avino a aprender del cuervo.
  • El zorro provee para sí mismo; pero Dios provee para el león.
  • Piensa por la mañana, actúa a mediodía, come al anochecer y duerme por la noche.
  • Quien ha sufrido tus imposiciones, te conoce. Como el arado sigue a las palabras, Dios recompensa las plegarias.
  • Los tigres de la ira son más razonables que los caballos de la instrucción.
  • Del agua estancada espera veneno.
  • No sabrás lo que es bastante hasta saber lo que es más que bastante.
  • ¡Escucha los reproches de los tontos! ¡Forman un título regio! Los ojos del fuego, las narices del aire, la boca del agua las barbas de la tierra.
  • El débil en coraje es fuerte en astucia.
  • El manzano nunca pregunta al haya cómo ha de crecer tal como el león no interroga al caballo sobre cómo atrapar la presa.
  • Quien recibe agradecido da copiosas cosechas.
  • Si otros no hubiesen sido tontos, tendríamos que serlo nosotros.
  • El alma de la dulce delicia no puede mancillarse.
  • Ver un águila ves una porción de genio. ¡Alza la cabeza!
  • Tal como la oruga elige las hojas mejores para depositar en ellas sus huevos, el sacerdote reserva su anaterna para las mejores dichas.
  • Crear una florecilla es labor de eras.
  • La condena estimula, la bendición relaja.
  • El mejor vino es el más añejo; la mejor agua, la más nueva.
  • ¡Las oraciones no aran!
  • ¡Los elogios no cosechan!
  • La cabeza es lo Sublime; el corazón, lo patético; los genitales, la Belleza; manos y pies son la Proporción.
  • Como el aire es al ave o el mar al pez es el desdén para el despreciable.
  • El cuervo quisiera que todo fuese negro; el buho, que todo fuese blanco.
  • La exuberancia es belleza.
  • Si el león recibiese consejos del zorro, sería astuto.
  • El perfeccionamiento traza caminos rectos; pero los torcidos y sin perfeccionar son los caminos del genio.
  • Mejor matar a un niño en su cuna que alimentar deseos que no se llevan a la práctica.
  • Donde no está el hombre, la naturaleza es estéril.
  • La verdad nunca puede decirse de modo que sea comprendida sin ser creída.
  • ¡Basta! o demasiado.

William Blake

Los antiguos poetas animaban todos los objetos sensibles con dioses o genios. Les prestaban nombres de bosques, ríos, montañas, lagos ciudades, naciones y de todo lo que sus dilatados y numerosos sentidos podían percibir.

Y en particular estudiaban el genio de cada ciudad o país y los colocaban bajo el patrocinio de su divinidad mental.

Hasta que se formó un sistema del cual algunos se aprovecharon para esclavizar al vulgo pretendiendo comprender o abstraer las divinidades mentales de sus objetos. Así comenzó el sacerdocio.

Que escogió formas de culto tomándolas de cuentos poéticos. Hasta que por fin sentenciaron que eran los dioses quienes habían ordenado aquello.

Así los hombres olvidaron que todas las deidades residen en el pecho humano.

domingo, 7 de junio de 2009

DELIRIO DE AMOR Y MIEDO

Aquí te amo.

En los oscuros pinos se desenreda el viento.

Fosforece la luna sobre las aguas errantes.

Andan días iguales persiguiéndose.



Se desciñe la niebla en danzantes figuras.

Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.

A veces una vela. Altas, altas estrellas.



O la cruz negra de un barco.

Solo.

A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda.

Suena, resuena el mar lejano.

Este es un puerto.

Aquí te amo.



Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.

Te estoy amando aún entre estas frías cosas.

A veces van mis besos en esos barcos graves,

que corren por el mar hacia donde no llegan.



Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.

Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.

Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.

Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.



Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos.

Pero la noche llega y comienza a cantarme.

La luna hace girar su rodaje de sueño.



Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.

Y como yo te amo, los pinos en el viento,

quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.



Con Delirio de Amor, Miedo y Esperanza ...me mantengo vivo.

domingo, 31 de mayo de 2009

CODEX GIGAS

El Codex Gigas — o la Biblia del Diablo — es un manuscrito en pergamino creado a principios del siglo XIII y escrito en latín. Fue considerado en su época como la "octava maravilla del mundo" debido a su impresionante tamaño (92 x 50,5 x 22 cm), su grosor de 624 páginas y su peso de 75 kg.

La obra nació de la mano de un solo monje, que también era copista y grafista, en el monasterio de Podlažice (en Chrudim, centro de la actual República Checa), destruido durante las guerras de religión en el siglo XV.

Está iluminado con tintas roja, azul, amarilla, verde y pan de oro, tanto en mayúsculas capitales como en otras páginas, en las que la miniatura puede ocupar la página completa. Conserva un excelente estado de conservación y la unidad estilística con la que fue creado.

Contenido

El Codex contiene completa la versión «Vulgata» de la Biblia, a excepción de los Hechos de los Apóstoles y el Apocalipsis. También incluye una serie de enciclopedias, como las Etimologías de Isidoro de Sevilla, las Antigüedades judías de Flavio Josefo, la Chronica Boemorum (Crónica de los checos, redactada en latín en el siglo XII) de Cosmas de Praga y varios tratados de historia, etimología, fisiología, además de un almanaque con necrológicas y la lista de los hermanos del monasterio, fórmulas mágicas y otras noticias locales.

Satanas en una página del Codex
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Historia
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La leyenda señala que el autor del Codex Gigas fue condenado a ser enterrado vivo por un grave crimen y, para expiar sus pecados, el monje propuso crear la obra en una sola noche, para gloria de su monasterio.
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Pero, para cumplir su promesa, tuvo que pedir ayuda al diablo. Una vez terminado su trabajo, el monje, como reconocimiento, incluyó disimuladamente un retrato de su "auxiliar" en el manuscrito.
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En Praga, el manuscrito, protegido por una tapa de madera, será expuesto al mismo tiempo que otros documentos relacionados con la Edad Media.
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Al final de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), la Biblia del diablo fue tomada como botín de guerra por las tropas del general sueco Konigsmark, junto a otros objetos de arte de la célebre Kunstkammer de Prague del emperador Rodolfo II de Habsburgo (1552-1612).Se llevaron lo más valioso que había, dijo Hejnova. Los soldados también se llevaron el Codex Argenteus, compuesto de letras de plata y oro y creado hacia el año 750, y que actualmente se encuentra en Uppsala (centro de Suecia). Desde el siglo XVII, el Codex Gigas salió del territorio sueco en dos ocasiones, para ir al Metropolitan Museum de Nueva York en 1970, y a Berlín hace ocho años.
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En 1594, el emperador Rodolfo II rescató el manuscrito gigante de la oscura celda monacal de Broumov, incorporándolo a sus espléndidas colecciones de objetos raros.
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Cuando las tropas protestantes suecas tomaron en 1648 el Castillo de Praga, se apoderaron de las colecciones rudolfinas. Desde ese mismo año la Biblia está depositada en la Biblioteca Real de Estocolmo.

domingo, 3 de mayo de 2009

UN INFIERNO CELESTIAL

En los laberintos de la literatura existen algunos Cielos que son, en rigor, más perturbadores que el infierno.

En general, las religiones occidentales tienden a explicar el Cielo como un lugar en donde el hombre justo encuentra la completa satisfacción de sus deseos. Ahora bien, son muchos los autores que nos describen la vida de ultratumba, pero ninguno de manera tan cruda como Emanuel Swedenborg.

Sobre su vida hablare en otra oportunidad, ya que este visionario es una verdadera fuente de placeres para quien disfruta de las curiosidades literarias. Hoy sólo nos dedicaremos a narrar su tétrica visión del Cielo.

El poeta Eilliam Blake sostenía que de existir un cielo, es decir, un lugar de felicidad perfecta, sólo una cosa debía estar prohibida allí: la estupidez. Blake, que era todo menos estúpido, consideró que incluso los malvados podían tener acceso al goce que supone la contemplación de Dios, pero que este placer estaba vedado a la estulticia. Según el poeta, al igual que Swedenborg, un hombre inteligente nunca podría encontrar la felicidad completa en compañía de imbéciles, por lo tanto, estos debían encontrar la vida de ultratumba en otro sitio, acaso más discreto.

Swedenborg nos relata la historia de un hombre, que si bien no es un imbécil, no puede acceder a los placeres del Más Allá, aún cuando es un justo merecedor de ellos.

El Asceta

En años olvidados, un hombre, hastiado de la vida mundana, se retira a una eremita, dispuesto a pasar el resto de su vida en una sublime contemplación de la Nada. Sólo lo acompañan los vientos y la arena del desierto.

Los años pasan, el visionario no nos dice cuántos, y el hombre va perdiendo todo rasgo amor propio; lo único que alberga en su corazón es la visión anticipada del Paraíso.

La muerte lo encuentra arrodillado en la eremita, solo, agradeciendo a Dios por su bondad sin límites, por su amor que todo lo penetra.

Naturalmente, este hombre, amable y resignado, es recibido en el cielo inmediatamente.

Pero pronto nuestro amigo nota algo singular, mejor dicho una serie interminable de singularidades: los hombres se comunican allí de una manera plena, absoluta. No existen diálogos con palabras, sino un intercambio de pensamientos enormemente elaborados, hasta se podría decir que las agudezas de Voltaire son los balbuceos de un infante al lado de aquellos intrincados tratados filosóficos que, repito, sólo eran comunicados mediante el pensamiento. ¡Qué distinto era aquello de la soledad del desierto! En el cielo no había inmovilidad, bastaba con desear estar en un lugar para aparecer allí en el instante. Los hombres y los ángeles brillaban con una luz intensa, que era proporcional a la penetración su inteligencia. Todo era una perpetua metamorfosis, los hombres creaban aquello que en la tierra les estaba vedado: los amantes de la pintura encontraban el pleno desarrollo de sus virtudes de una manera magistral, los colores, cuyas tonalidades son inconcebibles para los mortales, danzaban ante la vista de los curiosos, creando formas y paisajes más reales que la realidad misma, ya que no había un lienzo que limitase la imaginación del artista.

Pero claro, esta virtud divina no se limitaba sólo a las artes pictóricas, sino también a la literatura, la música, y a todas las pálidas expresiones que los mortales llaman arte. Allí todo encontraba su cause natural, las melodías eran absolutas, encantaban a los oyentes, pero no sólo por los acordes virtuosos, sino porque los oyentes también eran capaces de modificar la música a medida que la percibían. Los poetas encontraban aquello que todo escritor anhela, la eficacia y la Belleza.

En este cielo abrumador se paseaba absorto nuestro Asceta, aturdido por todas las cosas que no podía percibir. Se acercó a los ángeles, pero estos no comprendían la lengua de los mortales; entonces el Asceta intentó comunicarles su pensamiento, pero también fracasó: el sabía que Dios se agitaba tanto en la arena del desierto como en la flor que resplandece bajo el rocío, lo sabía, lo sentía, pero no podía expresarlo, por lo tanto, incluso en el Cielo, estaba solo.

Dios observó el dolor de su hijo, supo que el asceta, resignado y piadoso, no era ni sería nunca feliz en el Cielo. Enviarlo al infierno no era justo, ya que el hombre había vivido en la más incorruptible virtud. Por lo tanto, Dios le otorgó un don, acaso el más terrible que pueda imaginarse.

El Altísimo se acercó al Asceta, tomando la precaución de adoptar una forma que no abrumase a nuestro ya apesadumbrado amigo, y le dijo:

Las formas del Cielo son horribles para quien no las comprende. Tu vida en la tierra ha sido recta, por lo que puedes elegir ahora tu morada eterna.

Entonces, todo (la música, las risas, los besos, el Cielo mismo) desapareció. Un vacío infinito se cerró en torno suyo. No había oscuridad, ni sombras, sino una estancia inabarcable por la vista, blanca como la nieve más pura de nuestros polos.

El Asceta cruzó sus piernas, adoptando aquella posición que tanto conocía, la misma que adoptaba en el desierto, cuando la aurora era sólo una promesa. Cerró los ojos, y pensó.

Dios le había otorgado el don invaluable de crear su propia morada eterna. Se concentró con todo el fervor del que era capaz. Entonces abrió los ojos.

Ante su vista se asomó un desierto, una eremita, y nada más.

Algunas Tristes Reflexiones
T
Swedenborg detestaba la resignación que las religiones imponen al hombre. Él nos propone un cielo vedado a quienes carecen de imaginación, cerrado para tanto para los materialistas como para los excesivamente celosos de la espiritualidad.

A mí siempre me gustó esta idea, cuyo mecanismo simple suele pasar desapercibido para las religiones modernas. El asceta no pudo disfrutar del Cielo porque su vida en la tierra fue intelectualmente pobre; su contemplación de lo divino se hizo cada vez más abstracta, más lejana. Él percibía a Dios más allá del mundo, pero no a través el mundo. La naturaleza era para él algo que le impedía ver la majestad divina, una molesta carga que los hombres deben evitar.

Emanuel Swedenborg hace una ecuación sencilla: Dios, eterno e inabarcable, no puede ser percibido mediante los sentidos; no podemos verlo ni en las estrellas ni en las flores; pero tanto las estrellas como las flores son Espejos de Dios, sombras que nos hablan de la majestad de quien las creó. Lo mismo funciona con el arte, que es a la vez fin y espejo del hombre.

Sólo nos queda desarrollar nuestra imaginación para disfrutar del Cielo soñado por Swedenborg; allí las grandes historias, los sueños más esquivos de los poetas, encuentran una satisfacción completa: podremos conversar con hidalgos deliciosamente delirantes, con anillos que corrompen los corazones más nobles, con príncipes que caen bajo el veneno del dragón, podremos contemplar a Helena en su justa medida, a Eneas en su exacta dimensión; finalmente sabremos como era la cruel soledad de Hawthorne, qué formas tenían los castillos soñados por Blake, las imposibles formas de los demonios de Lovecraft, y las cartas de Poe; nos reiremos de la cordura de Orlando perdida en la luna, de los espejos y laberintos de Borges; temblaremos ante la ira de Aquiles, ante la pérdida de Julieta. Todo esto haremos en plenitud, pero claro, siempre y cuando aprendamos a amar los espejos que tenemos aquí. Recuerden que en nuestras bibliotecas, no importa cuan humildes sean, se agitan fantasmas que algún día conoceremos.
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